jmgol60: música (y más) contra la EP

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DESPENSA COMUNITARIA

Tortilla de espárragos trigueros silvestres. (MJCM)

LA COLÁ:

Todo el mundo la nombra así, -si dices colada piensan en ropa sucia-.

Desde muy pequeña mi abuela me enseñó a conocer las distintas hierbas y verduras, divididas en dos grupos.

1- COMESTIBLES: Espárragos variados, romazas, ajo porro, cardillos, achicoria, fieras, berros, patatuelas, infusiones como la manzanilla, el poleo, la hierba-luisa…

2- VENENOSAS Y URTICANTES: Cicuta, embudillos, ortigas, pedos de lobo, setas desconocidas…

La primavera era época de recolección, las mujeres del pueblo con sus cestas de mimbre, armadas de navajas y pequeñas azadas tomaban por asalto La Colá, las cercanías del arroyo Rodrigo y de cualquier otra zona húmeda donde crecían frondosas todas esas delicias culinarias.

 

Con ellas se cocinaban potajes de antología, tortillas de premio extraordinario, que con el aporte del bacalao en escabeche y las natillas (de huevos de campo, claro) hacían de la Semana Santa una fiesta para recordar todo el año.

 

El acceso a las zonas de aprovisionamiento eran libres y gratuitas, todo el mundo sabía los sitios donde crecían las mejores verduras, incluso se juntaban en grupo para visitarlos de forma alternativa y darles tiempo a recuperarse antes de la próxima recolección.

 

Aparte de la matanza, en todas las enramadas había ristras de pimientos, tomates, uvas, membrillos y granadas; a los melones se les entretejía una red de juncia que les rodeaba para que no se descolgaran con su peso, era una manera de mantener todo el año los productos que ofrecía la naturaleza los meses de primavera-verano; ollas con queso en aceite, patatas debajo de la cama, aceite del olivar propio, garbanzos de cosecha, lomo y jamón reservado para la siega o para cuando viniera la familia que vivía en la ciudad…

 

Puede que la despensa no fuese muy abundante siempre pero todo era natural; con las manos primorosas de las cocineras y cocineros, que alguno había -mi tío Agustín era el maestro de la tortilla de patata- la comida sabía a gloria.

 

Algún susto también nos costaba aprovisionar la despensa gratuitamente; en una gran cerca mirando a la vía inacabada crecían muchos espárragos trigueros y ajos porros entre el cereal sembrado; uno de esos días que mi abuela y yo hicimos la ronda, entramos tranquilamente para recolectarlos; de repente y en mitad de la faena, en una esquina de la cerca descubrimos dos vacas (nos parecieron toros de lidia). Ni cesta, ni manojo… ¡Pusimos pies en polvorosa! Alcanzada la pared que nos ofrecía seguridad nos dimos cuenta de la falsa alarma, las vacas con las ubres sin ordeñar rumiaban plácidamente el pasto de centeno, ni nos miraron…

 

Subir a la sierra a por espárragos a veces tenia consecuencias, alguna caída y multitud de arañazos; todo se daba por bueno con tal de saborear esos manjares sin precio. Los avisperos tampoco facilitaban las cosas. De lagartos, huevos de perdiz y pajaritos fritos no comento, ahora son ilegales.

 

Todo el mundo piensa que Extremadura es un paisaje árido y desértico, nada más incierto, las praderas resplandecen cuajadas margaritas y amapolas; los ríos, la mayoría limpios lucen airosas espadañas y juncos que ocultan su fauna como un tesoro; aún se venden peces y ranas en la temporada permitida, solo que ahora ya no hay que cocinarlo todo en el momento, los tiempos modernos nos han traído la nevera con congelador…

 

¡Gracias tía por enviarme cada año todo lo necesario para un estupendo potaje!

 

Mª José Calzado